He tenido una relación amor-odio con mis piernas durante los años. Me autoconciencié cuando tenía doce. Comencé a afeitármelas a esa edad, justo hasta encima de la rodilla. En verano, los chicos de la escuela lo usaban para meterse conmigo diciendo que les gustaban mis calcetines blancos, cuando en realidad se estaban refiriendo al color de botella de leche de mis piernas.

Cuando tenía alrededor de dieciséis, comencé a experimentar con broceado artificial, que no era tan bueno como lo es en la actualidad y tuve el problema de rodilla naranja. No pude encontrar una solución para tener las piernas bronceadas y desde hace unos años dejó de ser un problema ya que no podía enseñar las rodillas en verano, debido a la aparición de una fea variz justo detrás de la rodilla derecha. Afortunadamente, me la operé hace un par de años y ahora es difícilmente visible.

Desde la operación, he decidido presumir de piernas.

Ha llevado mucho tiempo, gran cantidad de desastres con broceados artificiales e incluso una operación, pero al fin lo he logrado.

Fotografía Andrew O’Hara.

legs Venus O'Hara
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