Lo liberador de ser infiel 

“Si haces sexo oral a otro hombre, no podría volver a besarte jamás.” Esto me lo dijo un novio que tuve hace unos años. Al tiempo me reí, pero a pesar de su tono humorístico, sabía que lo dijo muy en serio. Aquellos fueron tiempos más felices, y no le di importancia. Después de todo, no era mi intención ponerle los cuernos, además yo no creía en la infidelidad: ¿qué sentido tiene estar en pareja si vas a ser infiel?

Adelantamos unos meses y, por varios motivos, empecé a encontrarme muy infeliz en mi relación. Mi novio ya no se interesaba por el sexo oral, ni cualquier tipo de sexo, de hecho, y estar en una relación sin sexo me mataba. No solo por la falta de orgasmos (para esto tenía mi vibrador, para masturbarme de manera clandestina mientras él estaba en la ducha), sino que yo necesitaba cariño, sentirme deseada, y disfrutar del calor de un abrazo. La falta de intimidad incluso llegó a afectar otros aspectos de nuestra relación y acabamos discutiendo por cualquier cosa. Fue entonces cuando un compañero de trabajo, muy majo, empezó a tirarme los tejos y por primera vez en mi vida sentí la tentación de ser infiel.

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Fotos de novia por Lourdes Ribas

Al principio intenté resistirlo; en el fondo todavía estaba enamorada de mi novio y soñaba con recuperar la chispa. Pero cuantos más problemas tuvimos, más aumentó mi deseo de hacer alguna locura. Necesitaba sentirme viva.  Entonces, después de mucho coqueteo al lado de la fotocopiadora, llegó a un punto en que no pude resistir más las atenciones de mi colega y durante otra discusión con mi novio fue el colmo:

Estaba en el despacho, al teléfono con mi novio que estaba de viaje, y no recuerdo muy bien lo que me estaba diciendo, pero acabamos discutiendo por otra tontería. Pero en lugar de protestar, como solía hacer, abrí un nuevo email y empecé a escribir un mensaje breve y directo a mi compañero de trabajo: “¿Follamos hoy?”, e hice click en enviar. Estaba todavía al teléfono cuando me contestó, diciendo que me esperaría en el parking después del trabajo para llevarme a casa. De repente todo el rollo que me pegaba mi novio era irrelevante; yo me iba a acostar con otro hombre.

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Sentí un nudo en el estómago cuando subí al coche. Mi corazón se aceleró y sentí pulsaciones en mi entrepierna. Apenas hablamos en el coche pero cuando llegamos a mi casa, nada más cruzar la puerta, nos besamos y nos desnudamos con prisa. Fue un alivio sentir sus manos encima de mi piel y notar la sangre correr por mis venas por fin. Al final me encontré sexual y emocionalmente saciada pero curiosamente mi sentido de culpabilidad fue cero, y por eso era evidente que mi relación ya había llegado a su fecha de caducidad.

Descubrí lo liberador de ser infiel, porque gracias a ello me dio el coraje de librarme de una relación que no me hacía feliz. Pero antes de tener la ‘charla’ y cambiar mi estado sentimental en Facebook, me quedó una última cosa por hacer con mi futuro ex: besarlo. Y no hablo de un beso cualquiera, sino que le iba a dar un besazo, sabiendo que acababa de hacer sexo oral a otro hombre.

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1 comentario en “Lo liberador de ser infiel ”

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