A menudo la lencería roja se considera como hortera. Se asocia con prostitutas, conjuntos cutres del día de San Valentín o parte del disfraz de “Mamá Noel”.

Al tiempo que ajustaba las tiras y enfocaba mis pechos hacia un escote más killer, pensaba en el cariño que le tengo a este sujetador, no sólo por lo bien que me queda sino porque es elegante y se sale de lo ordinario de la mayoría de ropa interior roja. Lo malo de toda esa ropa es que se lanza indiscriminadamente en diseños poco favorecedores y telas de mala calidad. El color se asemeja más a un naranja sucio que a un rojo auténtico.

Después de desabrochar la parte delantera, mi desnudez pecosa casi se mezclaba con la pared blanca detras de mí. Soy consciente del potencial fetichista que supone mi pelo rojo en combinación con la piel blanca y mis ojos verdes. Esta sesión me hizo serlo más que nunca. El motivo “rojo intenso” se extendía del sujetador al brillo de mis labios, uñas pintadas y fresas maduras que por momentos hicieron las veces de suculentos pezones.

Esta combinación de rojos, en contraste con la luz de mis ojos y el pelo al aire, formaba una composición casi perfecta. Sólo faltaba tomar la punta de la fruta entre mis labios brillantes y chuparla con delicadeza. Entonces la imagen fue perfecta.

Me encanta el efecto del color rojo sobre mi piel y siempre me encantará.
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Fotografía Yuky.

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