La gente asume que posar delante de una cámara debe ser un trabajo fácil. A veces lo es, pero también hay un cierto grado de masoquismo en ser modelo, sobre todo en los procesos de castings.

El masoquismo se inicia con la larga espera, junto con todos los competidores atractivos. A veces, hay que hacer el casting delante de ellos, además del director de casting y el cámara. Eso sólo aumenta la tensión y la presión para hacerlo bien.

Me acuerdo de un casting en particular cuando teníamos que gritar lo más fuerte posible. Yo ya había producido mi mejor risa de “bruja de miedo” en el cortometraje “Deséame como si me odiaras”, dirigida por Erika Lust. Me imaginaba que un grito simple sería fácil. Fue sólo cuando estaba sentada en la sala de espera que tenía dudas. Lo único que podía escuchar a través de las paredes finas era el sonido de la gente gritando al azar. Era intimidante y después de un tiempo, decidí que era demasiado masoquista quedarse. Me levanté y me fui tan silenciosamente como pude.

Al final, resultó que el director de casting me había visto en la sala de espera y preguntó a un asistente donde estaba al ver que no me presenté en el casting. Llamaron a mi agente en seguida y tuve que volver allí tan rápido como pude. Afortunadamente, al director de casting le encantó mi performance y me dieron el papel. Fue una lección muy válida. Después de los castings donde no he tenido suerte, me pregunto, si el director mira todos los video-clips vergonzosos sólo por diversión.

El masoquismo de ser modelo también se siente en la fase del maquillaje. Una vez, estaba en un rodaje durante un día caluroso de agosto con veinte modelos más. El aire acondicionado era inexistente. Todos teníamos las caras con brillo y nos tenían que poner polvo para el beneficio de la cámara. Utilizaron la misma esponja de polvo en todos los modelos. Me estremecí al pensar en la cantidad de ADN diferente que había en esa esponja. Luego me sonreí como si nada a la hora de mi turno.

Para mí, el mejor ejemplo de masoquismo de ser modelo es tener que llevar tacones. Realmente no puedo caminar con tacones por mucho tiempo y tengo envidia de cualquiera que pueda. Puedo tolerar los tacones durante un tiempo mientras que no tenga que caminar demasiado. Mi pesadilla de tacones se hizo realidad hace poco cuando me dijeron que tenía que llevar unos tacones de veinte centímetros para una campaña publicitaria. Tuve que llevarlos a casa para practicar antes del rodaje.

Después de que mi trabajo está hecho, sé que los retocadores, diseñadores gráficos e imprentas también tienen que sufrir para producir el resultado final.

Para mí, el masoquismo es entender que el sufrimiento para lograr algo importante te hace apreciarlo aún más cuando por fin lo logras…

… Y que siempre vale la pena.

Fotos Andrew O’Hara

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